Ella llegó radiante, dio un par de instrucciones y subió al escenario, se hizo espacio, tomó el micrófono y miró a los centenares de jóvenes que la esperaban en el gimnasio del Instituto Comercial. Hacía calor, pero nadie se movía a pesar de que no estaba muy claro lo que esta mujer, menuda y de ojos directos, iba a decir. Había algo de sabiduría en su mirada en esos breves momentos que precedieron a su charla, sabiduría de alguien que entiende cosas que la mayoría no. Porque sí, esta sí que fue una charla testimonial y los jóvenes quedaron conmocionados. Emocionados.

María Carolina del Real, segura y con un discurso preciso, habló de su vida dentro de una familia tradicional, de colegio privado, en un entorno que para muchos puede ser ideal e incluso «cuico», con valores sólidos, protección y guía. Habló de la relación con sus padres, que durante algunos años se tornó difícil y tormentosa. Habló de lo selectiva y cuidadosa que fue a la hora de elegir pareja…

Pero ella no sabía.

Tras estar un año postrada debido a una enfermedad misteriosa, en la que ningún médico acertaba algún tratamiento y que la llevó al borde de la muerte, fue diagnosticada con SIDA. Es que debido a su origen social, su apellido compuesto y su rubia cabellera, nadie sospechó que esta chiquilla podía ser portadora de VIH. Y lo que es peor aún, en etapa de SIDA. Nadie le había hecho un simple Test de ELISA, la prueba eficaz y rápida para detectar si una persona tiene el virus.

Y le dijo claramente a los jóvenes que colmaron el gimnasio: nada te protege del VIH, ni una vida ordenada, ni hacer deporte, ni comer sano, ni tener un comportamiento puritano. Nada. Ni siquiera tener pareja única. Lo único realmente efectivo en contra del virus es la abstinencia sexual completa o el uso correcto del preservativo. Punto.

Todos estamos expuestos, no importando trabajo, apellido, preferencias o estilo de vida. El VIH es un virus que se transmite por tener relaciones sexuales y asociarlo a personas promiscuas, homosexuales o drogadictos es simplemente ignorancia. La carga social negativa de la enfermedad es algo que no permite ver la realidad y enfrentarla tal como es: una patología más, como la diabetes, en la cual si se sigue el tratamiento disciplinadamente se lleva una vida normal. De VIH nadie muere, de ignorancia sí.

Muchos tildan a María Carolina de valiente, pero al conversar con ella uno se da cuenta de que ella no lo considera así: simplemente se ve como una mujer consciente de la realidad y entiende que su tarea es despertar a los demás para que no les pase. Y lo está logrando.