La educación está cambiando y no es un misterio. Sin embargo, ¿qué están haciendo en los colegios para adaptarse a las nuevas exigencias y de paso recibir y contener a los nuevos estudiantes? Hoy, con la irrupción del teléfono inteligente y la omnipresencia de Internet, las metodologías, las estrategias, los comportamientos, las actitudes y hasta la disposición de los docentes debe ser distinta, para que en el aula el proceso de aprendizaje se logre exitosamente. Y no sólo de los docentes, sino de todos los que trabajan en un establecimiento educacional.

Ornella Yacometti Zunino, Licenciada en Educación y Psicopedagoga, llegó hasta el Liceo Bicentenario Instituto Comercial, para acompañar este proceso de cambios y definir, junto a los docentes, diversos conceptos que estructurarán el sello del estudiante y la forma de trabajar de los profesionales, igualando el discurso con la práctica para ser coherentes y generar credibilidad.

Y es energética, histriónica y locuaz. Según ella “es fácil conceptualizar ideas, crear tareas y ponerlas bonitas en el papel, pero lo difícil viene cuando se deben encontrar las acciones reales para concretar los cambios y lograr los objetivos propuestos”. La intervención de la profesional ocurre dentro del estatus de Liceo Bicentenario que el Instituto Comercial ostenta desde fines del año pasado, pero para la psicopedagoga, es algo que de todas formas se debería realizar en una institución de esta envergadura, a saber: aplicar una reingeniería parcial, con el fin de rescatar lo positivo y útil, descartando las “necesidades innecesarias”, las tareas duplicadas, las acciones sin impacto y usanzas arcaicas en el aula que ahuyentan a los jóvenes del estudio.

“¿Qué es lo que despierta la atención en los estudiantes? ¿Te acuerdas dónde estabas y qué hacías para el atentado a las Torres Gemelas? ¿Te acuerdas de lo que hiciste ayer a esta misma hora? Pues, las clases deben ser impactantes, sorpresivas, novedosas”, evitando al máximo las cátedras llanas y predecibles, ya que los alumnos pierden totalmente el interés y se vuelcan a las entretenciones más próximas, es decir, al teléfono, al computador, o simplemente a la desidia y a la somnolencia.

Para Ornella, el fuerte sello tecnológico que tiene el liceo, además de sus talleres y la Orquesta Sinfónica, son mecanismos o herramientas para formar al estudiante, a ese “Ciudadano Institutano” que busca el colegio. Es decir, la tecnología no es un fin, sino un medio catalizador de estudiantes de excelencia; la orquesta no busca formar músicos, sino alumnos con habilidades sociales, responsables, comprometidos, proactivos y conscientes. Por eso, para ella, la idea es generar proyectos en donde intervengan docentes de distintas asignaturas y desde sus veredas entregar a los alumnos los aprendizajes necesarios para concretar los quehaceres teóricos y prácticos del aula.

La profesional estará durante todo el año acompañando a los docentes en su trabajo de reestructurar tareas y procesos para llegar a la educación de excelencia e implantar el sello del estudiante del Liceo Bicentenario Instituto Comercial.