El talento, algo que brota de forma frondosa e imparable en nuestra juventud, paradójicamente es esquivo porque lo hace de forma aleatoria. ¿Qué hacer cuando germina bajo una capa de timidez e introspección? ¿Cómo no confundirse cuando es potente pero se escabulle en la adolescencia problemática e indiferente? El don, el regalo, la elegida, ahí está pero no se revelaba sino más bien era rebelde y por los sinuosos recovecos del destino surgió brillante, con potencia, como buscando combustible.

Nataly Soledad Martínez Poblete era una alumna con bajo rendimiento académico y comportamiento difícil. Ella participó en la «Sexta Muestra de Cuentos para la Sana Convivencia Escolar», organizada por el Departamento Comunal de Educación (DAEM) y su escrito fue seleccionado entre más de 40. Ella es estudiante del Liceo Bicentenario Instituto Comercial, cursa el 4to. año E de la especialidad de Administración mención Logística. Ella misma lo dice, tenía vicios y no le encontraba sentido a las cosas, pero una serendipia la golpeó, la moldeó, la encendió, la hizo respetar y valorar el aquí y el ahora.

«A mí me encanta leer, por ende, también me encanta escribir. Escribo poesía generalmente pero no la doy a conocer. También, tengo un proyecto de escribir un libro, ya llevo un par de páginas. Surgió esto y participé. Me habían dicho que escribía bien y dije por qué no», dice con voz segura.

Nataly practicaba karate. Empezó a los 10 años pero su entrenador falleció de un cáncer al estómago. Una semana antes de morir, él le regaló su ropa de karate y un par de libros con historias del Antiguo Japón y de ufología. Ahí empezó su gusto por la lectura. «Leo libros de historia, de filosofía, de espiritualidad, pero me gusta escribir poesía. No tenía ningún motivo especial para participar, o sea, se lo comenté a un amigo y me animó a participar porque me decía que escribía bien, que escribo bonito, entonces me dio por participar», señala risueña y luego seriamente confiesa: «mis primeros años de liceo tenía las peores notas y el peor comportamiento, pero creo que la literatura igual me ha cambiado bastante».

REDES SOCIALES, LIBERACIÓN Y VIVIR EL PRESENTE

Nataly cree que las redes sociales nos vuelven estúpidos y, en cambio, leer nos abre la mente. «Escribir nos libera, las redes sociales nos atrapan, no nos dejan ver más allá de nuestras narices. Yo creo que si uno no invierte en conocimiento está todo perdido y las redes sociales no son educativas, para nada. La verdad es que no esperaba recibir esta condecoración, ya que es primera vez que muestro lo que escribo. Me sentí feliz cuando me di cuenta de que había sido destacada, entonces me gustaría incentivar a todos a la lectura, pero igual eso es algo imposible en estos tiempos donde hay tanta tecnología. No sé, que agarren un buen libro, uno que les guste, no uno que le impongan, algo que sea de su agrado y que se vayan metiendo en el mundo de las letras, de las palabras, que se liberen, es una experiencia única, la lectura nos invita a crear nuevos universos«, sentencia.

Antes de la lectura «yo era una niña problema, que fumaba, no le encontraba sentido a nada, me lo pasaba saliendo, vivía el día a día y después cuando empecé a leer libros de espiritualidad me sentí libre. Me di cuenta de que existían más vidas, más realidades, que tenía que vivir el aquí y el ahora y eso me llevó a dejar todos los malos hábitos. Por eso digo que las letras me liberaron. Rompí todas esas cadenas que en realidad no eran nada bueno para mi vida», dijo. Nataly ha leído libros sobre budismo, regresión a vidas pasadas y también sobre meditación, lo ha llevado a la práctica y la ha ayudado.

«Ahora encuentro la satisfacción en la meditación, en la naturaleza, en los libros, en el ahora», concluye.